La dimensión sentida en Focusing: cuando la experiencia corporal abre un nuevo mundo de significado

por Ps. Antonio Briones

Una aproximación a la conciencia experiencial, la organización orgánica de la experiencia y la transformación de nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Hay algo que sabemos antes de poder explicarlo

Hay momentos en los que intentamos comprender lo que nos sucede y, sin embargo, las palabras no alcanzan. Sabemos que algo nos afecta, que una situación tiene un significado particular para nosotros o que una relación ha cambiado, pero no conseguimos precisar exactamente qué ocurre. Podemos elaborar explicaciones racionales, identificar emociones, recordar acontecimientos y construir interpretaciones coherentes, sin que nada de ello termine de expresar lo que estamos viviendo.

A veces, una conversación nos deja una inquietud difícil de nombrar. Una decisión aparentemente correcta produce una sensación de malestar. Una persona nos inspira confianza sin que podamos explicar del todo por qué, mientras que otra despierta en nosotros una reserva que no se corresponde con ningún hecho evidente. En otras ocasiones, descubrimos que aquello que creíamos sentir no era exactamente lo que nos estaba sucediendo.

Estos fenómenos nos permiten reconocer que la experiencia humana posee una dimensión que no se agota en el pensamiento, la emoción identificada ni la descripción objetiva de los acontecimientos. Existe una forma de conciencia que nos pone en contacto con el modo particular en que una situación está siendo vivida por nosotros. En el enfoque de Focusing, desarrollado por el filósofo y psicoterapeuta Eugene Gendlin, esta dimensión ocupa un lugar fundamental.

Podemos denominarla dimensión sentida de la experiencia: el ámbito en el que una persona experimenta corporalmente lo que una situación, una relación o un acontecimiento significa para ella, incluso cuando ese significado todavía no ha encontrado una formulación clara.

No se trata simplemente de sentir algo en el cuerpo. Se trata de reconocer que nuestro cuerpo participa en la manera en que comprendemos y habitamos el mundo; que la experiencia de estar en una situación contiene una información implícita, compleja y singular, que puede desplegarse cuando aprendemos a prestarle atención.

Desde esta perspectiva, Focusing propone una manera diferente de aproximarnos a nosotros mismos. En lugar de imponer de inmediato una explicación a lo que vivimos, podemos detenernos, entrar en contacto con la experiencia y permitir que aquello que todavía no comprendemos encuentre su propia forma de expresarse.

Este movimiento abre una posibilidad decisiva: que la experiencia no sea únicamente algo que observamos, analizamos o intentamos controlar, sino también una fuente desde la cual puede emerger un significado nuevo y, con él, una manera diferente de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestras circunstancias.

1. La dimensión sentida: experimentar la experiencia

Para comprender la dimensión sentida, es necesario distinguir entre lo que sucede, lo que pensamos acerca de lo que sucede y la manera en que todo ello es vivido por nosotros.

Imaginemos que una persona recibe una crítica de su jefe. Puede describir objetivamente el acontecimiento: su jefe señaló errores en un informe durante una reunión. También puede identificar una emoción: sintió vergüenza, rabia o tristeza. Finalmente, puede elaborar una interpretación: «Mi jefe no valora mi trabajo» o «No soy suficientemente competente».

Estas tres dimensiones aportan información relevante, pero todavía podemos preguntarnos: ¿cómo está viviendo esta persona toda esa situación? ¿Qué significa para ella, en el conjunto de su historia, sus expectativas, sus necesidades y su relación con el mundo?

Quizá, al detenerse y prestar atención a lo que sucede en su interior, descubra una presión en el pecho, una sensación de encogimiento o un peso difícil de describir. Al permanecer en contacto con esa experiencia, puede comenzar a reconocer que no se trata únicamente de vergüenza por haber cometido un error. Lo que está viviendo tiene que ver también con el temor a perder el respeto de los demás, con una antigua exigencia de demostrar su valor o con la sensación de que, para ser aceptado, debe hacerlo todo perfectamente.

La dimensión sentida es ese modo global, corporalmente vivido, en que la situación se presenta para la persona. Su significado puede estar presente de manera implícita antes de que ella consiga expresarlo mediante palabras.

Gendlin desarrolló el concepto de felt sense, habitualmente traducido al español como sensación sentida, para referirse a esta forma de experiencia corporal que contiene una comprensión implícita de una situación. No equivale a una sensación física aislada ni a una emoción reconocida. Es una percepción corporal global, inicialmente imprecisa, que reúne aspectos de la situación que la persona todavía no ha diferenciado o articulado conscientemente.

Por eso, la dimensión sentida puede entenderse como una dimensión de la conciencia en la que experimentamos nuestra experiencia en relación con algo o alguien.

No vivimos en un vacío. Nuestra experiencia siempre ocurre en relación con el mundo: con una persona, una decisión, una pérdida, un proyecto, una expectativa o una posibilidad. La sensación sentida expresa cómo esa relación está siendo vivida desde nuestra particular situación existencial.

En este sentido, el cuerpo no es simplemente un objeto que recibe estímulos. Es también el lugar desde el cual estamos presentes en el mundo y respondemos a él.

2. El cuerpo como fuente de significado

En la vida cotidiana solemos conceder una posición privilegiada al pensamiento conceptual. Cuando queremos comprender un problema, buscamos causas, analizamos antecedentes, comparamos alternativas y construimos explicaciones. Esta capacidad es indispensable, pero no siempre alcanza para comprender la complejidad de lo que vivimos.

Podemos saber intelectualmente que una relación nos hace daño y, al mismo tiempo, sentir una fuerte resistencia a terminarla. Podemos comprender que necesitamos descansar, pero experimentar culpa cuando dejamos de trabajar. Podemos reconocer que una decisión es razonable y, sin embargo, sentir que algo importante queda fuera de ella.

Estas contradicciones no significan necesariamente que nuestro pensamiento esté equivocado o que el cuerpo posea una verdad infalible. Pueden indicar que nuestra comprensión todavía es parcial: hay dimensiones de la situación que no han sido suficientemente reconocidas.

La sensación sentida permite aproximarnos a esa complejidad.

Cuando una persona se detiene a escuchar lo que experimenta, puede descubrir aspectos que no estaban disponibles en su reflexión habitual. Quizá aquello que parecía miedo al cambio contenga también una necesidad de autonomía. Tal vez una rabia persistente esté vinculada con un límite que nunca se ha atrevido a establecer. O puede que una tristeza que interpretaba como debilidad exprese el reconocimiento de una pérdida que todavía no ha podido asumir.

La sensación sentida no añade simplemente un dato corporal a una interpretación ya construida. Puede modificar la manera en que comprendemos el problema.

Aquí aparece una distinción importante: el cuerpo no solo registra lo que nos sucede; nuestra experiencia corporal participa en la constitución del significado de lo que nos sucede.

En el pensamiento de Gendlin, la experiencia no es un conjunto de contenidos internos completamente separados del mundo. Es un proceso en el que organismo y entorno se encuentran implicados. La forma en que experimentamos una situación contiene más posibilidades de significado de las que podemos expresar en un momento determinado.

Por eso, una sensación sentida puede ser inicialmente confusa y, aun así, tener una organización implícita. No necesitamos comprenderla de inmediato. Podemos acercarnos a ella con curiosidad, permitiendo que aquello que todavía no sabemos se haga gradualmente más claro.

Esto exige una actitud distinta de la búsqueda apresurada de respuestas. En vez de preguntarnos únicamente «¿Qué me pasa?», podemos explorar: «¿Cómo se siente todo esto en mí?», «¿Qué es lo más importante de esta situación tal como la estoy viviendo?» o «¿Qué hay aquí que todavía no consigo comprender?».

La atención se desplaza desde la explicación hacia el contacto directo con la experiencia.

3. La información sensorial y la apertura de un nuevo nivel de significado

La dimensión sentida nos proporciona información, pero conviene precisar qué significa esto.

No estamos hablando exclusivamente de información sensorial en el sentido fisiológico, como la temperatura, la presión o la posición de nuestro cuerpo. Nos referimos a una información experiencial: el modo en que una situación se organiza corporalmente para nosotros y nos permite reconocer aspectos de su significado que aún no hemos formulado.

Una persona puede experimentar una sensación de contracción cuando piensa en visitar a un familiar. Inicialmente, solo reconoce incomodidad. Si intenta explicarla inmediatamente, quizá concluya que está enfadada o que no desea encontrarse con esa persona.

Pero, si permanece en contacto con la sensación sin apresurarse a definirla, puede advertir algo diferente: siente que debe representar un papel, ocultar sus opiniones o hacerse responsable del bienestar de todos.

La sensación inicial adquiere entonces una nueva articulación. Ya no se trata solamente de malestar ante una visita. Se trata de la experiencia de tener que renunciar a sí misma para conservar la armonía familiar.

Este descubrimiento modifica el campo de posibilidades. La persona puede empezar a preguntarse cómo mantener el vínculo sin asumir una responsabilidad que no le corresponde, cómo expresar sus necesidades o cómo participar en la relación de una manera más auténtica.

El significado nuevo no fue impuesto desde fuera. Surgió a través de una exploración de la experiencia que permitió diferenciar algo que hasta ese momento permanecía implícito.

En Focusing, este proceso se relaciona con el carrying forward, expresión de Gendlin que puede entenderse como llevar adelante o hacer avanzar la experiencia. Cuando una dimensión implícita encuentra una expresión que la precisa, la experiencia puede continuar de una manera diferente.

Una palabra, una imagen, un gesto o una comprensión pueden producir una sensación de reconocimiento: «Sí, eso es», «Ahora entiendo» o «Es exactamente así, aunque nunca lo había visto de esta manera».

Este reconocimiento no es simplemente una conclusión intelectual. Muchas veces se acompaña de un cambio corporal perceptible: una respiración más libre, una disminución de la tensión, una sensación de espacio o una modificación de la inquietud inicial.

No siempre ocurre de manera espectacular. A veces el cambio es sutil, provisional o incompleto. Lo importante es que algo de la experiencia ha encontrado una forma nueva de ser comprendido.

La sensación sentida, por tanto, no es un mensaje cifrado que debamos descifrar correctamente. Es un proceso vivo cuya significación puede desplegarse a través del encuentro entre la atención, el lenguaje y la experiencia corporal.

4. La organización orgánica de la experiencia

Uno de los aspectos más relevantes de esta perspectiva es que no todas las experiencias necesitan ser organizadas desde una decisión consciente, una interpretación racional o una estrategia deliberada.

También existe una forma de organización que podemos denominar orgánica, en la que la experiencia va adquiriendo dirección cuando entramos en contacto con lo que estamos viviendo y permitimos que sus implicaciones se hagan presentes.

Esto no significa que el organismo posea un plan perfecto ni que exista una respuesta correcta escondida en nuestro interior. Significa que la experiencia humana tiene una capacidad de organización que no depende exclusivamente del control consciente.

Pensemos en una persona que lleva meses intentando resolver un conflicto laboral. Ha elaborado argumentos, ensayado conversaciones y evaluado distintas alternativas. Sin embargo, cada solución que imagina le produce una nueva dificultad. Si confronta a su compañero, teme deteriorar la relación; si guarda silencio, siente que se traiciona a sí misma; si acude a su superior, teme parecer incapaz de resolver sus problemas.

Desde el pensamiento analítico, el problema parece consistir en encontrar la mejor estrategia entre varias alternativas. Pero la persona puede descubrir, al acercarse a su sensación sentida, que el conflicto tiene una dimensión más profunda: está intentando resolverlo sin decepcionar a nadie.

Esta comprensión transforma la manera de plantear la situación. El problema ya no consiste únicamente en elegir una estrategia que evite todas las consecuencias negativas. También implica reconocer que no puede controlar la reacción de los demás y que necesita encontrar una forma de actuar coherente con sus propios límites.

A partir de ahí pueden aparecer alternativas que antes no estaban disponibles: una conversación más honesta, una petición concreta, una negociación o la aceptación de que cierto desacuerdo es inevitable.

La solución no emerge porque la persona haya dejado de pensar, sino porque su pensamiento ahora puede orientarse desde una comprensión más amplia de lo que está viviendo.

La organización orgánica de la experiencia consiste, en este sentido, en permitir que el proceso experiencial participe en la orientación de nuestra conciencia y en la configuración de nuestras respuestas.

En lugar de imponer un orden desde fuera, aprendemos a reconocer el orden que puede ir apareciendo cuando atendemos a la totalidad de la situación vivida.

Esto tiene una consecuencia importante: no siempre necesitamos saber desde el principio hacia dónde nos conduce una exploración. A veces, la dirección aparece precisamente porque dejamos de exigirnos una respuesta inmediata.

5. La sensación sentida como guía de la conciencia

En la práctica de Focusing, la conciencia no se limita a observar la sensación sentida como si fuera un objeto independiente. Aprende a establecer una relación con ella.

Esta distinción es fundamental.

Podemos observar que tenemos ansiedad, clasificarla y tratar de eliminarla. También podemos aproximarnos a esa ansiedad con una disposición diferente: reconocerla, percibir cómo se manifiesta corporalmente y explorar qué expresa dentro de nuestra situación actual.

En el segundo caso, no nos relacionamos con la experiencia exclusivamente desde la posición de quien quiere corregirla. Nos acercamos como quien desea comprender algo que todavía no se ha desplegado.

La sensación sentida comienza entonces a orientar nuestra atención. Nos invita a detenernos en determinados aspectos, a reconocer matices y a descubrir qué resulta significativo en ese momento.

Imaginemos a alguien que afirma: «Estoy cansado de mi trabajo y quiero renunciar».

Una aproximación centrada únicamente en la resolución de problemas podría conducir rápidamente a evaluar sus ingresos, sus alternativas laborales y los riesgos de abandonar el empleo. Estas preguntas son necesarias, pero quizá convenga explorar primero cómo se experimenta esa situación.

Al atender a su sensación sentida, la persona descubre que su cansancio no se relaciona solamente con la cantidad de trabajo. Experimenta una sensación de vacío cada vez que termina una jornada, como si estuviera dedicando su energía a algo que ya no reconoce como propio.

Al permanecer con esa experiencia, aparece otro significado: no quiere necesariamente abandonar su profesión, sino recuperar la posibilidad de hacer un trabajo que considere valioso.

La pregunta inicial —«¿Debo renunciar?»— se transforma en otra: «¿Cómo puedo recuperar el sentido de lo que hago?».

Esta nueva formulación no resuelve automáticamente su situación laboral, pero modifica la dirección de la exploración. Abre posibilidades que antes permanecían ocultas.

La sensación sentida ha guiado la conciencia hacia una comprensión más precisa del problema.

Ahora bien, es importante no confundir esta orientación con la obligación de obedecer cualquier sensación corporal. El miedo puede alertarnos de un peligro real, pero también puede acompañar situaciones nuevas que son valiosas. Una sensación de alivio puede indicar que hemos reconocido una necesidad, aunque también podría surgir de haber evitado una conversación necesaria.

Por eso, escuchar la experiencia implica explorarla, contrastarla con las circunstancias y reconocer sus matices. La sensación sentida orienta la investigación; no sustituye el juicio crítico, la reflexión ética ni la consideración de la realidad.

6. El despliegue de un nuevo significado transforma la interacción

El cambio experiencial no termina cuando comprendemos algo acerca de nosotros mismos. Su importancia se manifiesta también en la manera en que empezamos a relacionarnos con aquello que vivimos.

Si una persona descubre que su aparente indiferencia hacia su pareja es, en parte, una forma de protegerse del temor al rechazo, puede comenzar a relacionarse de otra manera con su propia vulnerabilidad. En vez de interpretar su distancia como una característica inmodificable de su personalidad, reconoce que existe una experiencia que merece ser comprendida.

Esta nueva comprensión puede permitirle expresar una necesidad, pedir cercanía o reconocer una herida que antes solo se manifestaba mediante el silencio.

La relación cambia porque ha cambiado el modo en que la persona participa en ella.

Esto permite comprender la dimensión sentida como un punto de encuentro entre conciencia, significado e interacción. Lo que experimentamos corporalmente no permanece encerrado en un espacio privado: participa en nuestras decisiones, nuestros gestos, nuestras palabras y nuestras formas de responder a los demás.

Cuando la experiencia encuentra una nueva organización, también pueden modificarse nuestras posibilidades de acción.

Una persona que reconoce su resentimiento puede descubrir que necesita establecer un límite. Quien comprende su tristeza puede permitirse elaborar una pérdida. Quien reconoce su temor a decepcionar a otros puede empezar a expresar desacuerdos sin experimentar cada diferencia como una amenaza para el vínculo.

En todos estos casos, la transformación no consiste necesariamente en eliminar una emoción desagradable. Consiste en ampliar las posibilidades de relación con ella y con la situación que la suscita.

Desde esta perspectiva, el cambio terapéutico no puede reducirse a sustituir pensamientos negativos por positivos, controlar emociones o adquirir nuevas conductas. Estas intervenciones pueden resultar útiles, pero la transformación también puede producirse cuando cambia la manera global en que una persona vive y comprende su situación.

La experiencia comienza a abrir nuevas formas de interacción porque deja de estar organizada exclusivamente por los significados que antes parecían inevitables.

7. Una nueva relación con uno mismo: de la corrección al acompañamiento

La exploración de la dimensión sentida implica también una modificación en la relación que establecemos con nosotros mismos.

Muchas personas se aproximan a su experiencia interior desde una actitud de evaluación permanente. Se preguntan si deberían sentirse de otra manera, si están exagerando, si tienen razones suficientes para estar tristes o si deberían haber superado ya determinada dificultad.

En ocasiones, esta actitud añade sufrimiento a la experiencia original. La persona no solo siente miedo, tristeza o confusión, sino que también se reprocha sentirlos.

Focusing propone una posibilidad diferente: acercarse a lo que ocurre con interés, respeto y disposición a escuchar.

Esto no significa aprobar todas nuestras reacciones ni renunciar a la responsabilidad personal. Significa reconocer que podemos comprender mejor una experiencia cuando dejamos de combatirla automáticamente o de exigirle que desaparezca.

Una persona puede decirse: «No debería sentir tanta rabia». Pero también puede detenerse y preguntarse: «¿Cómo es esta rabia en mí? ¿Qué ocurre en mi vida cuando aparece? ¿Qué aspecto de esta situación me afecta tanto?».

La segunda aproximación no presupone que la rabia tenga razón. Simplemente crea las condiciones para comprenderla antes de decidir qué hacer con ella.

Esta disposición guarda una afinidad importante con la actitud de aceptación y comprensión empática desarrollada por Carl Rogers. La persona encuentra un espacio en el que no necesita defenderse inmediatamente de su experiencia, justificarse ni adaptarse a una interpretación externa.

Desde allí puede comenzar a reconocer aspectos propios que antes resultaban amenazantes o incomprensibles.

La relación consigo misma se transforma: en vez de actuar exclusivamente como juez de su mundo interior, puede convertirse también en una presencia capaz de acompañarlo.

8. Las implicaciones para la psicoterapia

En psicoterapia, la dimensión sentida ofrece una vía para trabajar con aquello que la persona todavía no puede formular de manera explícita.

El terapeuta no necesita apresurarse a interpretar cada silencio, explicar el origen de una emoción o proponer una solución. Puede ayudar a crear las condiciones para que el paciente se acerque a su experiencia y encuentre sus propias palabras.

Esto supone prestar atención no solo al contenido del relato, sino también a los momentos en que aparece una vacilación, una expresión corporal, una dificultad para continuar o una sensación de que «hay algo más» que todavía no ha sido dicho.

Una intervención podría ser tan sencilla como invitar a la persona a detenerse y observar qué ocurre en su interior cuando recuerda determinada situación.

Si aparece una sensación imprecisa, el terapeuta puede acompañar su exploración sin decidir anticipadamente qué significa. Puede ayudar a describirla, comprobar si determinadas palabras se ajustan a ella y reconocer si algo cambia al permanecer en contacto con la experiencia.

La tarea no consiste en extraer una verdad oculta que el terapeuta conoce de antemano. Consiste en favorecer una relación en la que el paciente pueda descubrir y precisar su propia experiencia.

Esta distinción es especialmente importante porque las interpretaciones prematuras pueden conducir a la persona a adoptar significados que no corresponden a su vivencia.

Por ejemplo, un terapeuta podría interpretar la dificultad de un paciente para tomar decisiones como miedo al abandono. Sin embargo, al explorar su sensación sentida, el paciente podría descubrir que lo que le resulta difícil es la pérdida de una identidad construida alrededor de las expectativas familiares.

Ambas posibilidades pueden coexistir, pero no corresponde imponer una de ellas antes de escuchar cómo se organiza la experiencia del paciente.

La dimensión sentida introduce así una orientación clínica en la que la comprensión no se limita a explicar el pasado o identificar patrones. También busca acompañar el proceso mediante el cual una experiencia encuentra una forma nueva de continuar.

El terapeuta ofrece presencia, atención y condiciones de seguridad; el paciente participa activamente en el descubrimiento de significados que puedan transformar su manera de vivir.

Esto no garantiza que toda exploración produzca un cambio inmediato. En situaciones de desregulación intensa, trauma o desconexión corporal, puede ser necesario priorizar la seguridad, la estabilización y el desarrollo gradual de la capacidad de atender a la experiencia. Escuchar el cuerpo no debe convertirse en una exigencia ni en una exposición forzada.

La exploración necesita respetar el ritmo de la persona y sus posibilidades actuales.

9. Aprender a permanecer en lo que todavía no sabemos

Quizá una de las mayores dificultades de este enfoque sea aceptar que podemos estar en contacto con una experiencia sin comprenderla todavía.

Estamos habituados a resolver la incertidumbre mediante explicaciones. Cuando algo nos inquieta, buscamos una causa; cuando una relación nos confunde, intentamos definirla; cuando experimentamos malestar, queremos identificarlo y eliminarlo.

Sin embargo, hay experiencias que necesitan tiempo para desplegar su significado.

La sensación sentida puede comenzar como una impresión global, una tensión, una imagen o una percepción difícil de describir. Si la definimos demasiado pronto, corremos el riesgo de reducirla a categorías conocidas y perder aspectos importantes de su singularidad.

Permanecer con ella implica una forma particular de atención: suficientemente cercana para escuchar, pero no tan invasiva como para forzar una respuesta.

Podemos preguntarnos qué palabra expresa mejor lo que sentimos, comprobar si esa palabra encaja y permanecer abiertos a que aparezca una formulación diferente.

En ocasiones, el significado emerge de manera inesperada. En otras, la experiencia solo se vuelve un poco más clara. También puede ocurrir que no aparezca una respuesta definida.

Nada de esto convierte la exploración en un fracaso. Aprender a reconocer lo que todavía no sabemos constituye, en sí mismo, una forma de ampliar nuestra relación con la experiencia.

La conciencia deja de funcionar únicamente como un mecanismo que clasifica y controla. Se convierte también en un espacio de encuentro con aquello que está ocurriendo y que todavía puede adquirir nuevas formas.

En esta disposición reside una de las contribuciones más valiosas de Focusing: permitir que la comprensión se desarrolle desde el contacto con la experiencia, en lugar de depender exclusivamente de las categorías con las que ya intentamos explicarla.

Cuando cambia el significado, cambia lo posible

La dimensión sentida nos permite reconocer que la experiencia humana contiene más de lo que podemos pensar, decir o comprender en un momento determinado.

Cada situación que vivimos está acompañada por una manera particular de experimentarla. En esa dimensión corporal y experiencial se encuentran implicados nuestros vínculos, nuestra historia, nuestras necesidades, nuestras expectativas y nuestra relación con el entorno.

La sensación sentida nos pone en contacto con esa complejidad. Nos ofrece una vía para reconocer aquello que todavía no ha encontrado palabras y permite que la conciencia se oriente hacia aspectos de la experiencia que permanecían implícitos.

Cuando nos aproximamos a ella sin apresurarnos a imponer una explicación, puede desplegarse un significado nuevo. Y cuando cambia el significado de lo que vivimos, también pueden cambiar nuestras posibilidades de respuesta.

Lo que antes parecía únicamente un problema puede revelar una necesidad. Lo que interpretábamos como debilidad puede mostrarse como una señal de agotamiento. Lo que experimentábamos como un conflicto insoluble puede abrirse a una comprensión diferente de nuestros límites y de nuestras posibilidades de relación.

Este proceso no supone que el cuerpo tenga siempre la razón, que toda experiencia contenga una respuesta inmediata o que debamos abandonar el pensamiento racional. Supone reconocer que la reflexión puede enriquecerse cuando se mantiene en contacto con la experiencia concreta de la persona.

La organización orgánica de la experiencia nos invita a permitir que nuestra comprensión se desarrolle desde ese contacto. En lugar de decidir de antemano lo que algo significa, aprendemos a acompañar el proceso mediante el cual su significado puede hacerse más preciso y abrir nuevas posibilidades de acción.

En definitiva, Focusing nos invita a pasar de intentar controlar la experiencia a aprender a relacionarnos con ella, escucharla y permitir que nos muestre aspectos de la vida que todavía no habíamos comprendido.

No se trata simplemente de escuchar al cuerpo para sentirnos mejor. Se trata de reconocer que somos seres en proceso, que nuestra experiencia puede transformarse y que, cuando encontramos una manera más profunda de estar presentes en lo que vivimos, también puede cambiar nuestra manera de estar presentes en el mundo.

Porque, a veces, no necesitamos encontrar inmediatamente una respuesta distinta. Necesitamos acercarnos de otra manera a aquello que estamos viviendo.

Y es precisamente en ese acercamiento donde puede comenzar a emerger un significado nuevo, una experiencia diferente de nosotros mismos y una nueva forma de encontrarnos con los demás.

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Autor: ANTONIO BRIONES PSICÓLOGO LA SERENA

Hola, Soy Antonio Briones Psicoterapeuta Experiencial (Coordinador del Focusing Institute para Chile), y Consultor Organizacional de profesión psicólogo. Me he especializado en el desarrollo de estrategias y programas para ayudar a las organizaciones y personas a manejar el estrés y la ansiedad. Ayudando a organizaciones y personas naturales a restablecer su equilibrio mente-cuerpo para alcanzar su bienestar. Para esto implemento programas basados en diferentes recursos de psicología experiencial, las neurociencias y otras fuentes diversas que he aprendido en mi carrera. Cuando una organización aprende a manejar sus niveles de estrés se resuelven mejor sus conflictos, las personas se vuelven más productivas, se mejora su clima, disminuyen la tasa de absentismo y la deserción y lo más importante, las personas que trabajan ahí se sienten más felices. Después de trabajar 20 años de forma profesional en diferentes ámbitos, sé cómo conseguir que las personas logren mejores estándares de vida respecto al estrés y la ansiedad. Suscríbete a este blog y te seguiré entregando estrategias y tips para poder lidiar con el estrés y la ansiedad. O consúlteme por lo programas de tratamiento.

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