Un viaje al corazón del autosabotaje

Por un lado, quería cambiar su vida. Por el otro, encontraba siempre una excusa perfecta para no hacerlo. Así vivía Elian, atrapado en una casa construida con sus propios «casi».

I. La Voz que No Calla

Hay una voz que no se grita, pero tampoco se silencia. Una voz baja, sibilante, que se escabulle entre los pliegues de la conciencia, disfrazada de prudencia, de realismo, de «mejor espera un poco más». Esa voz no es el enemigo; es el guardián de algo muy antiguo: el miedo. Y el miedo, no es el monstruo, sino la puerta.

El autosabotaje es esa voz. No llega como un trueno, sino como un susurro. No te empuja al abismo, pero mueve tus pies con sutileza. Es el arte de la autotraición cotidiana: postergar un sueño, olvidar una oportunidad, desmerecer un logro. Y sin embargo, no lo hace por maldad. Como una madre sobreprotectora y torpe, cree que así te protege.

Pero proteger no siempre es amar. A veces es impedir.

II. Elian y la Casa de los «Casi»

Elian soñaba con ser escritor, pero se decía: «No es el momento». Tenía ideas, pero las dejaba pudrirse en libretas abandonadas. Cada vez que alguien lo felicitaba, él se reía, restando importancia. No fuera a ser que alguien creyera que realmente era bueno.

Vivía en una casa hecha de casi:

  • Casi terminé la novela.
  • Casi le dije lo que siento.
  • Casi me cambié de trabajo.

Una noche, soñó que caminaba por un bosque denso, y al pie de un árbol hueco, encontraba a un niño que lloraba. Tenía sus mismos ojos. Le preguntó por qué lloraba, y el niño respondió: «Porque me dejaste aquí hace años».

Elian despertó con el corazón apretado. Pero no hizo nada. Se sirvió un café y volvió al trabajo.

III. Las Formas del Sabotaje

Gendlin hablaba de lo que el cuerpo sabe. Y el cuerpo sabe muchas veces antes que la mente. Sabe que algo está mal cuando procrastinas, cuando te autosaboteas. El cuerpo siente la tensión de un deseo que tira hacia adelante y un miedo que tira hacia atrás.

Las formas del autosabotaje son muchas, pero todas tienen un número de identificación común: la negación del merecimiento.

  • Postergas lo importante.
  • Dices «no puedo» sin intentarlo.
  • Inicias pero no terminas.
  • Te rodeas de personas que te restan.
  • Te comparas siempre para abajo.

Estas no son decisiones racionales. Son pactos secretos con el pasado.

IV. Pactos con la Sombra

La Sombra: esa parte de nosotros que contiene lo que no queremos ver. No sólo lo feo: también lo valioso que no creemos merecer.

Muchos autosabotajes nacen en la infancia, cuando aprendimos que destacar era peligroso, que pedir era vergonzoso, que fallar traía castigo o burla. Así formamos un «yo» adaptado, que sobrevive sacrificando sueños.

El autosabotaje es, entonces, una lealtad inconsciente. A padres temerosos. A sistemas que castigan el brillo. A versiones antiguas de uno mismo.

Y esa lealtad, por noble que parezca, es una prisión invisible.

V. El Viaje hacia el Centro

El cambio ocurre cuando uno se acepta por completo. No cuando niega la Sombra, sino cuando la abraza.

Elian comenzó un día a escribir. No mucho. Una página. Luego otra. Había días en que no podía. Pero ya no se castigaba. Se escuchaba. Iba a terapia. Aprendió a decir: «Tengo miedo, pero no dejaré que eso decida por mí».

Y el niño del sueño volvió. Esta vez no lloraba. Dibujaba en la tierra un mapa.

VI. Prácticas para salir del laberinto

  1. Escucha tu cuerpo. Pon atención a las sensaciones físicas al tomar decisiones. El cuerpo no miente.
  2. Nombra la voz. Dale un nombre a esa parte que te sabotea. No para castigarla, sino para dialogar.
  3. Recuerda tus lealtades. Pregúntate: ¿A quién o a qué le soy fiel al no avanzar?
  4. Haz pequeños actos de rebeldía. Haz eso que temes, pero en pequeña escala. Un paso. Luego otro.
  5. Rodéate de otros que se atreven. La valentía también se contagia.
  6. Cuida tu diálogo interno. Habla contigo como hablarías con alguien a quien amas profundamente.
  7. Celebra cada avance. No importa cuán pequeño sea. Cada paso rompe un hechizo.

VII. La Puerta Está Adentro

El autosabotaje no es un enemigo que destruir, sino un mensajero que entender. Como un guardián temeroso, ha estado intentando protegerte de heridas viejas, con herramientas torpes.

Pero ya no eres esa versión de antes. Ya no necesitas esas cadenas. Puedes agradecer al miedo… y seguir adelante igual.

Como decía el viejo cuento: «Y cuando el niño comprendió que el monstruo solo lo asustaba porque tenía hambre de ser visto, dejó de huir y lo alimentó con palabras. El monstruo se hizo pequeño. Y luego desapareció».

VIII. Una Puerta Discreta

Tú sabes cuál es tu «casi». Tal vez estás a un paso de algo nuevo, o a un paso de repetir lo de siempre. Tal vez hoy puedas escribir una línea, enviar un mensaje, hacer una llamada, o simplemente sentarte en silencio y decirte: «Te escucho».

El primer paso no tiene que ser perfecto. Solo tiene que ser tuyo.

Y si lo das, tal vez descubras que el niño que fuiste sigue ahí, esperando que vayas por él, para mostrarte el mapa.

Y así, Elian comenzó a llenar la casa. No de «casis», sino de intentos reales. Algunos salían mal. Otros no. Pero por primera vez, sentía que vivía en una historia que valía la pena contar.

Soy Psicólogo Psicoterapeuta y Focusing Trainer, comprometido con el desarrollo personal y con la reducción de los niveles de sufrimiento en el mundo. Realizó terapia Online vía Google Meet, facilitando el acceso a un espacio de escucha y acompañamiento profesional en habla hispana.  Para consultas o para reservar tu sesión, puedes contactarme fácilmente por WhatsApp: +56 9 74508333

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Autor: ANTONIO BRIONES PSICÓLOGO LA SERENA

Hola, Soy Antonio Briones Psicoterapeuta Experiencial (Coordinador del Focusing Institute para Chile), y Consultor Organizacional de profesión psicólogo. Me he especializado en el desarrollo de estrategias y programas para ayudar a las organizaciones y personas a manejar el estrés y la ansiedad. Ayudando a organizaciones y personas naturales a restablecer su equilibrio mente-cuerpo para alcanzar su bienestar. Para esto implemento programas basados en diferentes recursos de psicología experiencial, las neurociencias y otras fuentes diversas que he aprendido en mi carrera. Cuando una organización aprende a manejar sus niveles de estrés se resuelven mejor sus conflictos, las personas se vuelven más productivas, se mejora su clima, disminuyen la tasa de absentismo y la deserción y lo más importante, las personas que trabajan ahí se sienten más felices. Después de trabajar 20 años de forma profesional en diferentes ámbitos, sé cómo conseguir que las personas logren mejores estándares de vida respecto al estrés y la ansiedad. Suscríbete a este blog y te seguiré entregando estrategias y tips para poder lidiar con el estrés y la ansiedad. O consúlteme por lo programas de tratamiento.

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