DIFICULTADES EN LAS RELACIONES: Entre los conflictos, el silencio y la elección.

El conflicto como huésped inevitable

Las relaciones humanas son organismos vivos. No son objetos que uno coloca en una repisa para admirar sin cambios; son más bien jardines, con estaciones, crecimientos, plagas y podas.
En todo vínculo —sea de pareja, amistad o familia— el conflicto no es una anomalía, sino un huésped inevitable.
A veces se presenta como una ráfaga: una discusión que estalla, dura pocos minutos y deja el aire denso pero despejado. Otras veces es como una humedad silenciosa: se filtra en los cimientos de la relación, y un día descubrimos que una pared entera está carcomida.

El conflicto, en esencia, no es el enemigo. El verdadero riesgo está en cómo lo abordamos: si desde la apertura y la autenticidad, o desde la defensa y el juicio.

La comunicación: puente y muro

La mayoría de los conflictos no nacen de la maldad, sino de la falta de comprensión.
El lenguaje, que debería ser un puente, a menudo se convierte en un muro. No porque las palabras no sirvan, sino porque las usamos como armas o como máscaras.

Hay parejas que hablan mucho pero dicen poco. Otros se comunican con una economía de palabras tan extrema que cada frase se carga de sospecha. Y están aquellos que intentan hablar pero no escuchan; cada uno espera su turno para disparar su argumento.

Rogers insistiría: “Ser escuchado con comprensión es casi lo mismo que ser amado”. Pero para escuchar de verdad, necesitamos dejar en suspenso la necesidad de tener la razón.

Los fantasmas que ponemos en el otro

En cada conflicto, además de las palabras y los gestos, hay fuerzas invisibles que lo alimentan. Desde la psicología podemos llamarlas arquetipos y proyecciones.

Una persona no discute solo con su pareja real; a veces discute con la madre que sintió fría, con el padre ausente, con la imagen de sí mismo que teme o desprecia. Proyectamos sobre el otro las partes de nuestra sombra que no queremos ver.

Cuando la discusión se siente desproporcionada al hecho que la originó, es posible que estemos lidiando con algo mucho más antiguo que la relación actual.

El espacio interno

Desde la psicoterapia centrada en la persona se plantea tres condiciones esenciales para la sanación de un vínculo:

  • Autenticidad: mostrarnos como somos, sin máscaras.
  • Aceptación incondicional: no significa aprobar todo, sino recibir al otro como un ser en proceso.
  • Empatía profunda: ver el mundo desde los ojos del otro, sin abandonar nuestra perspectiva.

En la práctica, esto se traduce en crear un “espacio seguro” en la conversación, donde ninguna palabra sea usada como arma retroactiva.

El cuerpo sabe el camino.

En el corazón de muchos conflictos hay algo que “no está del todo claro” pero que pesa. Gendlin nos enseñó que, antes de resolver con palabras, podemos escuchar a nuestro cuerpo: esa sensación difusa en el pecho, en el estómago o en la garganta. A veces la rabia es en realidad tristeza encapsulada. O el silencio es miedo a perder al otro si decimos lo que sentimos.

A traves del focusing, se “acompaña” esa sensación, se la nombra tentativamente, y poco a poco emerge un significado más preciso. Desde ahí, la conversación con el otro se profundiza y se vuelve cada vez más auténtica.

El conflicto como encrucijada

En cada discusión importante llega un momento silencioso —aunque a veces dure apenas segundos— en el que algo se decide:

  • Aguanto: no resuelvo, pero sigo.
  • Termino: corto el vínculo, de forma inmediata o progresiva.
  • Resuelvo: pongo energía y apertura para transformar el problema.

Este momento puede repetirse muchas veces en la historia de una relación. Lo que la mantiene viva no es la ausencia de estos momentos, sino la capacidad de elegir con conciencia, no solo por inercia o miedo.

Factores que llevan a la ruptura

La ruptura suele ser el final de un proceso largo, no un evento repentino. Algunos factores comunes:

  • Acumulación de conflictos sin resolución.
  • Deterioro de la comunicación.
  • Desalineación de valores o proyectos de vida.
  • Infidelidad.
  • Desgaste emocional crónico.

A veces la ruptura es una llamada de crecimiento personal: El alma necesita seguir un camino distinto.

Transformar el conflicto en elección consciente

Resolver un conflicto requiere:

  • Escuchar de verdad y sin interrupciones, escuchar para entender.
  • Nombrar las emociones sin atacar la identidad del otro.
  • Reconocer la propia sombra en el problema.
  • Diferenciar lo que es negociable de lo que no lo es.

“La casa de los ecos”

En un pueblo de calles estrechas y viento salado, vivía Clara con Julián. Llevaban ocho años juntos, pero hacía dos que las palabras se les quedaban atrapadas en la garganta.

En su casa había un pasillo largo. Cuando discutían, Clara decía que ese pasillo se llenaba de ecos invisibles: cosas que no habían dicho, pero que flotaban ahí, esperando una próxima pelea para hacerse escuchar.

Un día, tras una discusión trivial sobre quién olvidó cerrar la ventana, Clara sintió una presión en el pecho. Recordó un ejercicio que había leído: se sentó, cerró los ojos, y preguntó a esa presión qué quería decir.
La respuesta llegó como una imagen: ella, niña, esperando en la ventana a un padre que siempre llegaba tarde. Entendió que no era solo la ventana; era la vieja herida de no sentirse importante.

Cuando se lo contó a Julián, él bajó la mirada. “Yo me callo porque en mi casa los gritos eran guerra. Si no hablo, creo que te protejo.”

Ese día no resolvieron todo. Pero el pasillo quedó un poco más limpio.

Conclusión

Las relaciones no se rompen solo por lo que pasa, sino por lo que dejamos de decir, de escuchar y de comprender. El conflicto no es el fin, sino la invitación a elegir: aguantar, terminar o resolver. Cada elección trae un precio y un regalo distinto.

Y aunque no todas las relaciones pueden —o deben— salvarse, todas merecen ser vividas con conciencia.

Si estás en medio de un conflicto, antes de decidir, haz silencio y escucha: no solo al otro, sino a ti mismo.

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Autor: ANTONIO BRIONES PSICÓLOGO LA SERENA

Hola, Soy Antonio Briones Psicoterapeuta Experiencial (Coordinador del Focusing Institute para Chile), y Consultor Organizacional de profesión psicólogo. Me he especializado en el desarrollo de estrategias y programas para ayudar a las organizaciones y personas a manejar el estrés y la ansiedad. Ayudando a organizaciones y personas naturales a restablecer su equilibrio mente-cuerpo para alcanzar su bienestar. Para esto implemento programas basados en diferentes recursos de psicología experiencial, las neurociencias y otras fuentes diversas que he aprendido en mi carrera. Cuando una organización aprende a manejar sus niveles de estrés se resuelven mejor sus conflictos, las personas se vuelven más productivas, se mejora su clima, disminuyen la tasa de absentismo y la deserción y lo más importante, las personas que trabajan ahí se sienten más felices. Después de trabajar 20 años de forma profesional en diferentes ámbitos, sé cómo conseguir que las personas logren mejores estándares de vida respecto al estrés y la ansiedad. Suscríbete a este blog y te seguiré entregando estrategias y tips para poder lidiar con el estrés y la ansiedad. O consúlteme por lo programas de tratamiento.

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