Continuando este mes con el trabajo de reflexión del tema del estado de conciencia llamado “presencia”, como factor facilitador para la práctica de Focusing.
Lo que se intenta lograr a través del estado de conciencia llamado presencia en el focalizador es la desidentificación con los contenidos que este ya trae, en otras palabras el adoptar una actitud de receptividad frente a todo lo que en el surja, aprender a estar con lo que le suceda, sus sufrimientos, angustias, ansiedades y dolores. Al estar en este estado no solo podemos estar con la ansiedad, notamos como es, la reconocemos en nuestro sentir y la aceptamos, algo ocurre, ya no somos la persona ansiosa, sino que somos la persona que en una parte de si siente ansiedad y la podemos acoger.
Focusing también se podría explicar como un juego de toma de conciencia, no solo tomar conciencia de cómo siente el cuerpo por dentro, sino que también de aquel telón de fondo quien soy yo. Y de esas partes de mi que están en mi pero mutan se hacen presentes, cambian se desvanecen, arremeten y vuelven a cambiar, también de aquello que se siente pero no se le puede identificar y es preferible llamarlo eso extraño que siento.
Por ejemplo:
Si sacamos los silencios que hay en una melodía y los espacios entre notas desaparecieran, ¿qué queda? Desaparecerían hasta las notas. El silencio y los espacios entre notas son el telón de fondo de la melodía. Pero la melodía sin telón de fondo no sería tal.
Focusing es aprender a estar con esas sensaciones, aprender a acompañarlas desde la presencia. Ya sea como compañero de focusing, psicoterapeuta o focalizador.
Hace algún tiempo le ayudaba a facilitar un focusing María, ella estaba con una metástasis de un cáncer que le había comprometido muchísimo su organismo. Y el oncólogo no le daba muchas esperanzas de recuperación. De hecho en ese entonces ya había dejado de comer y la morfina la atontaba mucho. Las sesiones eran bastante largas, había que esperar a que se despertara las muchas veces que se dormía.
María aprendió a tomarse un tiempo para identificar lo que le ocurría, les hacía saber que volvería a prestarles atención después de un momento.
Hacia el ejercicio de imaginar que lo que sentía era otra persona que requería de ella, así ella podía distanciarse un poco de esa sensación. Sin dejar de sentirla. Eso le provocaba una sensación de calma que muchas veces utilizaba para descansar. María no logro hacer focusing con lo que sentía pero si logro entrar en el estado de presencia, que la ayudo muchísimo en sus últimos días, me contaba que era lo único que la hacía descansar, porque ya ni dormir la reponía de sus malestares. Ella falleció a las pocas semanas pero logro tener una pequeña pausa de alivio en sus últimos días que se que la ayudo en esos difíciles momentos.
El estado de presencia ayuda muchísimo no solo hacer focusing, sino a estar con lo que somos ese proceso en continuo cambio que sostiene miles de experiencias simultaneas. Eso que está a la base que nos hace ser quien somos, más allá de lo que aparentemente podamos ir cambiando en el tiempo.
Eugene Gendlin en un congreso internacional de psicoterapeutas dijo lo siguiente:
“Quiero empezar con lo más importante que tengo que decir: La esencia del trabajo con otra persona es estar presente como ser viviente. Y eso es una suerte, porque si tenemos que ser inteligentes, o buenos, o maduros, o sabios, estaremos en problemas, Lo que importa es ser un ser humano que esta con otro ser humano”.
Si bien estas palabras son sencillas o hasta obvias, pero sostienen una gran verdad, muchas veces no necesitamos ayudar a otro para ayudarlo, no tenemos que hacer que algo pase, no necesitamos ser sanadores expertos para que algo se sane. Algunas veces, necesitamos aprender a estar, simplemente estar disponibles para otro o para nosotros mismos. Ni el escuchar muy bien remplaza la presencia humana.
Ann Weiser Cornell dice que serás un gran compañero de focusing si puedes sentir una conexión empática con el focalizador y contigo mismo, reconociendo lo que sientes y haciéndole un espacio para lo que encuentres.
En su libro “Manual de focusing para el estudiante y el compañero” expone lo siguiente.
Estar en presencia mientras acompañas.
Sabemos que cuando escuchamos realmente bien a otro hemos incorporado cualidades de presencia. La presencia es experimentada en el cuerpo. Por eso nos ayuda, cuando escuchamos a alguien, ponernos en presencia conscientemente.
Una manera de hacerlo:
– Te tomas un tiempo al principio de la sesión para llevar tu conciencia dentro de tu cuerpo mientras el focalizador lleva su conciencia dentro de su cuerpo. Date cuanta que es lo que se siente bien, abierto, fluido, espacioso, paciente, disponible… Nota cualquiera de las cualidades de estar en presencia y donde la sientes en tu cuerpo.
– No estas sintiendo que quiere venir a darse a conocer en TI MISMO en este momento; sin embargo, podrías encontrar algunos sentimientos que no son muy cómodos. Tomo un momento para reconocerlos y hacerles saber que vas a volver a ellos más tarde si te necesitan.
– Si lo que viene es bastante fuerte, a veces ayuda imaginar que estas sentado cerca de eso, quizás hasta rodeándolo con tu brazo.
– Después de hacer eso, muchas veces viene una sensación de calma. Entonces encontraras que es posible que tu conciencia se mueva hacia la persona que estas acompañando.
– Manteniéndote en contacto con lo que siente tu cuerpo, lleva tu atención hacia el focalizador, y espera que hable. Míralo. Comienza a sentir cómo está el ahora.
Una observación mística de la presencia.
En la tradición Zen el estado de presencia se le llama KUU que literalmente se traduciría vaciarse, también significa la bóveda de los cielos, se utilizo desde la antigüedad para traducir el sánscrito Sunyata o vacio.
“Se hace libre quien se desprende de sí. Olvidándose de sí mismo se abre el horizonte para llegar a ser uno mismo. El vaciarse por completo es un camino de libertad para pasar de la opacidad a la transparencia y hacerse uno con el universo entero”. Juan Masiá.
Dogen (1200-12549, el budista reformador del ZEN en Japón en el siglo XIII, hablaba de perderse para encontrarse, de negación y olvido de sí por parte del sujeto para descubrir su propia profundidad. Insiste en la necesidad de percatarse de lo mucho que nos engañamos a nosotros mismos. Por eso se refiere a menudo a la oposición existente en nuestro interior entre el “yo engañado” por el “yo original”; para ser más exactos, no se trata de oposición, ya que ambos no están al mismo nivel, sino de quedar sofocado el “yo original” por el “yo engañado”. Salir de sí equivale a salir del yo engañado y superficial, para redescubrir lo mejor nuestro: somos peores de lo que creemos cuando nos autojustificamos desde el yo superficial pero somos mejores de lo que creemos cuando nos autocondenamos por no percibir lo mejor nuestro, el fondo de lo que verdad somos y queremos.
El estar en estado de presencia nos permite acompañar todo, los lugares que más nos asustan, las heridas más dolorosas, los monstros internos más desagradables, las criticas más hirientes. En este estado podemos relacionarnos con todo lo que se nos presenta en nuestra conciencia. Sin favorecer a una parte más que a otra, todas son escuchadas. Y esa capacidad de quedarse acompañando a todas nuestras experiencias, necesita tiempo para desarrollarse.
